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Diego Ricol: Venezolanos y colombianos se combinan en la “orquesta de la integración”

El final de 2017 parecía prometedor para Luis Farfán. Tocar su amado corno francés con la orquesta de la Universidad Distrital de Bogotá, la Filarmónica y la Sinfónica Nacional lo ilusionaron con un sueño: poder vivir de la música en Colombia, tal como lo hacía en Venezuela antes de convertirse en otro migrante en busca de oportunidades. Pero llegó el mes de enero de 2018 y ese sueño se apagó. Vinieron el hambre, la estrechez y la angustia por sobrevivir.

Entonces este concertista y luthier (fabricante y reparador de instrumentos) formado en el famoso Sistema de Orquestas de Venezuela, creado por el fallecido maestro José Antonio Abreu, sintió que jamás volvería a tocar el cielo con su corno, como lo hizo cuando se presentó en el mismísimo teatro Scala de Milán (Italia). Al contrario, se vio obligado a vender el instrumento, su gran amor, para comprar una motocicleta y empezar a repartir domicilios a través de aplicaciones digitales.

En los últimos años, las calles y los buses de Bogotá se llenaron de música clásica y popular tocada por talentosos venezolanos, muchos de ellos, profesionales curtidos en los mejores escenarios del mundo y que ahora deambulan en busca de alimentar su cuerpo, pero también su pasión por los acordes.

El centro de Bogotá, y los articulados de TransMilenio, ahora son engalanados por violinistas, chelistas, fagotistas, coristas líricos y exponentes del folclor popular. Todos tienen un común denominador: sus impecables interpretaciones.

A su lado, como siempre, buscan su lugar los talentos colombianos. Al igual que sus hermanos venezolanos, interpretan con maestría instrumentos clásicos. Muchos de ellos jóvenes estudiantes recién egresados en busca de oportunidades que, en Bogotá, pintan escasas porque son pocas las orquestas de este tipo. La Filarmónica de Bogotá y la Sinfónica Nacional reúnen apenas 180 músicos. Pocas plazas para los más de 368 graduados que esta profesión deja cada año en la capital.

 

Pero todos, en calles y plazas o en pequeños escenarios particulares, conforman una rica mina de talento que espera ser unida y armonizada. En el caso de los migrantes venezolanos bastaba con que alguien tuviera la iniciativa. Y eso sucedió cuando un nutrido grupo de maestros y músicos del país vecinos se encontraron por casualidad y crearon un grupo en la red de comunicación WhatsApp llamado Músicos en Bogotá.