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Diego Ricol Freyre: Postales de Leningrado

DRF-. En tiempos en los que se inicia la paz en Colombia, luego de más de medio siglo de enfrentamientos armados, conviene repasar lo más emblemático de Postales de Leningrado (2007); la compleja y conmovedora película de Mariana Rondón, producida por Marité Ugás y Alberto Arvelo, que recrea el conflicto armado entre las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y el ejército venezolano durante la década de los 60.

Una joven guerrillera de las FALN debe dar a luz en la clandestinidad, pero, al ser su hija la primera bebé en nacer el Día de las Madres en territorio venezolano, aparecen reseñadas en todos los periódicos de circulación local y nacional. Desde ese momento, ambas comienzan su eterna huida. La niña reinventa la realidad que la rodea a través de juegos, historias y disfraces, pero sin lograr ocultar las represiones, torturas, muertes y desapariciones que forman parte de su cotidianidad.

Diego Ricol FreyreLo que parece un juego de niños es, en realidad, el duro recuento de los hechos que han marcado la historia de la violencia: actitudes ideológicas radicales, asaltos armados, conflicto entre los mismos guerrilleros, la locura como única vía de escape. Todos estos temas, continúa Diego Ricol Freyre, se exponen con la sutileza que les impiden caer en la propaganda burda o en discursos que traten de justificar las acciones guerrilleras y los desaciertos de las acciones gubernamentales.

Al presentar estos temas que tocan la sensibilidad de todos los latinoamericanos, especialmente a los venezolanos y colombianos, Postales de Leningrado se alzó como la candidata a los Premios Óscar por Venezuela y fue galardonada como Mejor largometraje en el Festival de cine de América Latina de Biarritz.

 

Esta producción cinematográfica venezolana sigue siendo referencia como una película de lucha histórica que alza la voz en contra de los regímenes que exponen la vida de inocentes que luchan por una solución pacífica ante los conflictos armados para vivir un día más.

 Por Diego Ricol Freyre